“La suerte de tener familia fuera”. El punto positivo de tener lejos a la familia es que cuando vas a visitarles te enseñan la ciudad desde el punto de vista de una persona local y no turístico. Son los mejores guías para descubrir la esencia de cada rincón y yo tengo el privilegio de tenerla en Lyon, el corazón de Francia.
La capital de Ródano-Alpes, declarada Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO en 1998, cuenta con una riqueza arquitectónica de diferentes épocas por sus más de 2000 años de historia. Así, las palabras que me vienen a la mente al pensar en Lyon están relacionadas con una ciudad histórica: monumental, universitaria, fría, callejones, gastronomía, ríos... Es un sitio muy interesante de visitar por sus pasadizos, enormes edificios, numerosos puentes y grandes plazas que resaltan con la iluminación nocturna. El hecho de que el centro de Lyon se concentre en la zona de la Presqu’île (entre los ríos Saona y Ródano), donde se encuentran la mayoría de monumentos o lugares de interés turístico, hace que sea una ciudad muy fácil de descubrir a pie.
Al viajar a Francia, como en muchos otros países europeos, hay que tener en cuenta que la forma de vida es diferente en lo que a horarios y costumbres se refiere. Por ejemplo, suelen hacer las comidas antes que nosotros, como cenar sobre las 20:00h (aunque siempre hay excepciones).